Diario de un viaje a la Antártida – Día 2 Pasaje de Drake
9 de Enero de 2025 – Día 2 → Pasaje de Drake
Hemos superado el Día 1. La noche ha sido tranquila, el barco se ha movido un poco y nos despertamos pensando que ya estamos avanzando en nuestro viaje a la Antártida y navegando por el Pasaje de Drake. Que bien, hemos dormido muy bien y ya estamos avanzando. Me asomo por la ventana y solo veo mar, no veo tierra, eso tiene que ser una buena señal.
Poco después de despertarnos suena por el altavoz lo que será nuestro despertador diario, con música. Cuando se acaba la música el líder de expedición nos habla. Después de darnos los buenos días, nos informa que el barco todavía se encuentra parado en el Canal de Beagle, esperando que el tiempo mejore para poder comenzar el cruce del Pasaje de Drake. ¡¡ Vaya decepción !! No hemos avanzado nada. Y es que pensábamos que el movimiento del barco era por estar cruzando el Mar de Hoces. ¡¡ Que inocentes !! No sabíamos lo que nos esperaba, ese era el movimiento suave.
Fermin se levanta y sube al restaurante a desayunar. El desayuno es un Buffet tipo continental. Yo prefiero quedarme en la cama, el barco ya se mueve lo suficiente como para sentirme algo mareada, así que prefiero no comer nada para evitar sentirme peor. Eso si, los dos nos tomamos la pastilla para el mareo, a ver si nos ayuda.
La temperatura exterior es de 7 grados, el sol brilla y hay un viento de 44 nudos sector sudoeste. Las olas han disminuido a unos 7-8 metros, así que a las 9,00 horas el capitán decide comenzar a navegar por el Pasaje de Drake. Nos avisan por megafonía para que comencemos a tener en cuenta las normas de seguridad.
El Pasaje de Drake o Mar de Hoces es la parte de mar que separa América del Sur y la Antártida. Algunas de las corrientes más fuertes del mundo fluyen a través de el, por ello es el lugar más peligroso y hostil de todos los océanos del mundo. Muchos barcos han desaparecido mientras lo cruzaban y las olas, han llegado a decir que hasta de 19 metros, han provocado la muerte de algunos pasajeros de los barcos que lo han cruzado.
Pero así tiene que ser, según un oceanógrafo físico de una Universidad del Reino Unido, el Pasaje de Drake mantiene fría la Antártida, protegiendo el planeta. Si los 30 millones de kilómetros cuadrados de hielo que contiene la Antártida se derritieran, el nivel del mar subiría más de 50 metros en todo el mundo.
Yo sigo en la cama y noto como el barco comienza a moverse más, mucho más. Nos vuelven a recordar las medidas de seguridad, es importante que todos hagamos caso, si a alguien le pasa algo grave el barco tendrá que dar la vuelta. Lo más importante es la seguridad y la salud de todos.
Fermin todavía aguanta el movimiento del barco así que le pido que me acerque agua, mi libro, pañuelos de papel, una bolsa por si vomito, una manta y una manzana verde. Yo voy a evitar levantarme a toda costa. El barco cada vez se mueve más, hacia la derecha, hacia la izquierda, de repente parece que estamos saltando. Todo se mueve, la ropa que esta colgada en la pared baila de un lado a otro, se oye el agua del lavabo, la silla del escritorio se mueve.
No se oye a nadie andar por el barco, Fermin sube a las zonas comunes de la cubierta, alguien queda pero la mayoría de los pasajeros están en sus habitaciones. En la sala de proyecciones ponen alguna película, las charlas se han suspendido, esperarán a que la situación mejore para que los pasajeros podamos subir.
Yo sigo en la cama, me cuesta hasta levantarme al baño así que intento beber poca agua. Estoy en la parte de arriba de la litera y no puedo ni incorporarme a mirar por la ventana, me mareo demasiado. Bajar de la litera es todo un deporte de riesgo, el barco se zarandea tanto que tengo que hacer mucha fuerza para no caerme de espaldas desde la escalera de la litera.
El barco sigue moviéndose, con más ganas todavía. No puedo ni leer, así que aprovechando la somnolencia que dan las pastillas para el mareo, intento dormir todo lo que puedo. A las 12,30 avisan por el altavoz que la comida esta lista, Fermin se anima y va al restaurante. Después de comer baja a tumbarse un rato, me dice que había más gente de lo que pensaba comiendo.
La tarde la pasamos igual, el movimiento no para, en ocasiones parece que el barco se tumba sobre el agua, esto va a ser largo, muuyyy laarrgoooo, pero lo aguantaremos, tenemos muchas ganas de nuestro viaje a la Antártida.
Por la tarde ponen un documental en la sala de proyecciones. Alguien se anima a verlo. En el salón también hay gente que está tumbada en los sofás, parece que la cubierta se mueve menos que sus camarotes. Y así pasa el tiempo hasta que llega la hora de cenar.
Fermin también se anima a ir al restaurante, yo en cambio sigo sin comer. En cuanto me incorporo, todo me da vueltas y el estómago se me revuelve. Mejor seguir durmiendo hasta mañana, a ver si tenemos suerte y las olas disminuyen. La silla del escritorio ya se ha caído unas cuantas veces, al final decidimos dejarla en el suelo. Se oyen puertas cerrarse de forma brusca, las perchas del armario van de un lado para otro y el agua no para de chocar contra nuestra ventana.
Durante la tarde dormimos, no podemos hacer otra cosa. Llega la hora de cenar y Fermin sube al restaurante, yo me conformo con cenar la pastilla para el mareo. Menos mal que nos da sueño con ella, aunque el barco no para de moverse conseguimos dormir bastante por la noche.


