Diario de un viaje a la Antártida – Día 9
Durante nuestra aventura por la Antártida, estábamos tan emocionados, que nos olvidamos de lo duro que fue pasar el Pasaje de Drake. Hoy, otra vez, estamos en medio de tan temido lugar, deseando que pase cuanto antes.
16 de Enero de 2025 – Día 9 Pasaje de Drake
Es temprano, seguimos cruzando el Drake, pero el horario del barco no cambia, suena la alarma, nos intentan animar. La tripulación, aunque está más habituada que nosotros a este movimiento del barco, también está más cansada, pero aún así nos animan. Ellos llevan ya mucho tiempo a bordo del Ushuaia, sin ver a sus familias, amigos, sin descanso. Todos los días les repetimos que tienen mucha suerte por trabajar en un lugar así, pero claro, no nos ponemos en su piel. Llevan la mitad de su temporada de trabajo en la Antártida, viviendo la aventura de navegar por estos lugares, pero tambien llevan mucho tiempo solos, sin el apoyo de sus padres, parejas, hij@s, amig@s,… Si tienen un mal día, no pueden escaparse un rato para airearse, si tienen un problema en su trabajo, no pueden salir del barco, tiene que ser muy duro.
A pesar de todo esto, ellos nos cuidan a nosotros, intentan que nuestro viaje sea lo más especial posible. Pasan para preguntar como estamos, nos traen comida a la habitación y todo ello con toda su amabilidad y con una sonrisa a pesar de que ellos también están sufriendo. Nosotros intentamos molestarles lo menos posible y agradecerles todo lo que hacen.
Hoy es jueves, el viento de ONO sopla a 37 nudos, las olas llegan a 10 metros, el cielo está totalmente cubierto y la temperatura exterior es de 5º C.
Yo paso del desayuno, el barco se mueve tanto que a pesar de tomar la pastilla, sigo mareada. Durante la noche el barco ha sido una locura, el movimiento era exagerado y parecía que la noche no se acababa. Ayer, Día 8, sabíamos que sería duro cruzar el Drake, pero la vuelta está siendo peor que la ida.
No sabemos ni para donde se movía, pero en ocasiones nos teníamos que agarrar al colchón para no caernos de la cama. Menos mal que nuestras camas no son muy anchas, no podemos rodar mucho por ellas, porque la brutalidad de las olas ha sido inimaginable. El agua choca contra nuestra ventana, parece que estamos en un submarino y vamos por debajo.
Por la mañana viene algo de calma, y algunos pueden subir al restaurante a desayunar. Como siempre con calzado que cubra el pie y con las manos libres para poder agarrarse en caso de movimiento brusco. Después del desayuno Fermin se anima a subir al salón, donde hay alguna persona dormida, otros leyendo y más tarde pondrán una película para los que se animen.
Y así llega la hora de comer, otra vez al restaurante. Los camareros trabajan como pueden, con tanto movimiento es muy complicado. Después de comer lo mejor que se puede hacer es ir a la siesta. Como la noche ha sido tan movida, no hemos dormido mucho, un rato de siesta nos vendrá bien. A ver si cuando nos despertemos el movimiento es más suave.
Nada, nos despertamos de la siesta y todo sigue igual. Arriba, en cubierta, sirven algo de merienda, la gente que se anima juega a las cartas, lee, charla, pasa el rato como puede. Por megafonía nos avisan que en un rato, habrá una charla sobre cetáceos. Fermin se anima a ir así que sube a la sala de conferencias, yo sigo igual, intento leer algo pero es imposible, la sensación de mareo aumenta. Esta experiencia no la voy a olvidar en la vida, cada vez que escuche la palabra Drake volveré a vivir estos momentos, estoy segura.
Otra vez llega la hora de cenar, pero con tanto oleaje es imposible moverse. Sigo tumbada, no puedo leer, me mareo mucho más, el movimiento del barco es tan intenso. Intento sobrevivir con lo mínimo, no quiero ni tener que levantarme al baño. Intento mover un rato piernas y brazos en la cama y poco más. Menos mal que las pastillas para el mareo que estamos tomando provocan somnolencia, dormir a ratos hace que llevemos mejor estar quietos tanto tiempo.
No puedo leer, no tengo internet, Fermin está en cubierta, no puedo ni repasar las fotografías que hemos hecho, tampoco puedo organizar un poco lo que nos queda de viaje por Argentina. Creo que nunca había tenido tanto tiempo para nada. Pues si el Drake nos obliga, habrá que aprovecharlo. Durante las charlas que hemos tenido en el barco, nos han dicho que únicamente el 0,025% de la población mundial ha pisado la Antártida. Ahora, nosotros somos parte de ese pequeño porcentaje, y aunque estamos muy felices por haber tenido esta oportunidad, nos da miedo que este continente cada vez sea más accesible.
Cada vez llegan más barcos hasta aquí, cada vez llega más gente. No todos respetamos lo que nos encontramos, de hecho, en Isla Decepción pudimos comprobarlo. Alguien ha llegado hasta la Antártida para hacer un grafiti, UN GRAFITI, en serio. Durante nuestros viajes hemos vivido muchas situaciones que nos ha hecho plantearnos si merece la pena que las personas podamos viajar o desplazarnos a otros lugares. Quizás, el que más recuerdo es el de una persona, que con muchos seguidores en redes sociales, puso una fotografía con unos niños de la tribu Himba. En la fotografía esta persona les estaba dando a los niños algo que no deben tomar, para ella era un negocio, porque estaba haciendo publicidad del producto.


